Mis fuentes…

Tras cursar el Bachillerato por la rama de ciencias puras,  parecía destinado a estudiar arquitectura, o algo así. Se me daban bien los números y dibujar ideas. Pero mira  que por qué tanto, se cruzaron en mi camino algunos libros… Ya se sabe que la juventud es propicia a los tropiezos, y yo alguno tuve. En mi caso tropecé con un profesor que me dio a leer  “Qué es ser agnóstico” de Tierno Galván,  la “Genealogía de la moral” y el “Also sprach Zarathustra” de Nietzsche.  Di largos y melancólicos paseos otoñales masticando las ideas del pensador intempestivo y, sobre todo, la forma de entender el teatro de la vida de mi viejo amigo “El lobo estepario”. Herman Hesse fue quien marcó mis lecturas de juventud…devoraba todo lo que llegara  con su firma: “Demian” me fascinó y las enseñanzas obtenidas de la inteligencia de Sinclair, el protagonista, me ayudaron a romper mi propio cascarón. Tras la lectura de su libro “Mi credo”, empecé a interesarme por el mundo oriental….hasta que cayó en mis manos su joya literaria más preciada, “Sidharta”…y todo cambió…Y en el revuelo, se asomaron a mi habitación forrada de libros y humo… Tagore, Hibram y Lao-tse.

En la universidad pude disfrutar de algunos profesores realmente brillantes, pero en mi retina ocupa un lugar de privilegio alguien que nos hacía pensar de manera radical…el profesor Carlos Díaz. No he conocido a nadie tan sabio y tan fino conceptualmente…era pura dinamita. Larga salud al atrevimiento intelectual de este anarquista cristiano. Juan M. Palacios también me ayudó a entender al pensador de pensadores –Kant- y a ser más ético como persona.

Por aquellos años descubrí a mucha gente ilustre. Exploré la naturaleza humana siguiendo las sendas abiertas por David Hume, por Alexander Pfänder, por Philip Lersch. Me encantaba la historia de la ciencia…Thomas Kuhn, con sus paradigmas de investigación científica; Paul Feyerabend y su anarquía del conocimiento, o Desiderio Papp y Sánchez Ron con quienes empecé a comprender las teorías de la Relatividad…Padecí a Heiddegger con su “Dassein”…y empecé a interesarme en un pensador marrano que se ganaba la vida puliendo lentes, se llamaba Spinoza.

De su mano intuí la importancia de los afectos a la hora de entender cabalmente los usos de nuestro pensar. Y esto me llevó a uno de mis más maravillosos descubrimientos intelectuales, el pensador Carlos Gurméndez….no conozco a nadie que haya estudiado el fenómeno de  “la pasión” con tanta pasión y profundidad ontológica. ¡Cómo disfruté leyendo su “Crítica de la pasión pura”, o sus “Ensayos sobre el amor”, y qué decir de “La melancolía”…, ni una de sus líneas  tiene desperdicio. Tras él me topé con un pensador de los que, con uno sólo de sus libros, ya tienes para comer un mes, se llama Eugenio Trías y tiene un librito magnífico titulado “Tratado de la pasión”. Luego hubo  otros… novelistas como Chesterton, Ferrero, Cèline, Stendhal, o Zweig, sobre todo Stefan Zweig, con el relato más conmovedor que jamás he leído “Los ojos del hermano eterno”. También me acerqué a ensayos como los de Agnes Heller y su “Teoría de los sentimientos”. Me zambullí en la ciencia cognitiva de la mano de Howard Gardner  o de obras como  “The  Cognitive Structure of Emotions”, un libro duro y sólido escrito por científicos de la universidad de Illinois, que puedes consultar si quieres hablar con sentido de esto que ahora tanto se manosea…me refiero a la inteligencia emocional y sus derivadas. En fin, eran otros tiempos.

Lo tenía decidido… en la convivencia entre  pasión y  razón se encontraba la clave…Tan claro lo tenía que hice el doctorado en psicología en el departamento de cognición y emoción, donde pude disfrutar de la fuerza intelectual de pensadores como Juan Bautista Fuentes, un fenómeno reflexivo de la naturaleza. Sus clases de doctorado eran agotadoras,  no podías perder comba  si querías masticar la sustancia  de sus tesis. Por no hablar del viejo profesor Pinillos y sus conferencias  en la Fundación Ortega y Gasset; un tipo entrañable, ya lo creo.

Tras todo esto y llevado por mis viajes por el mundo de la empresa, mis circunstancias me escoraron hacia otro tipo de lecturas más mundanas…y empecé a interesarme por la PNL…trituré las obras de Bandler, Grinder y Dilts, testando en  carne propia alguna de sus técnicas, y aquello parecía funcionar…desde entonces me acompaña en mi día a día profesional… No obstante, y como la cabra tira al monte, de vez en cuando el cuerpo me pedía leer otras cosas, como por ejemplo a Martín Buber, a Arnold Gehlen, a Bakunin o a Juan David García Bacca…¡oh, qué maravilla!, tiene un librito en el que recoge diez conferencias que se titula “Antropología filosófica contemporánea” que es oro molido, buscadlo y llevadlo siempre con vosotros.

Mención aparte merece alguien que me enseñó a entender e implantar el pensamiento estratégico en el mundo de los negocios. Se llama Jacobo Pedrosa, y  disfruté de sus clases durante ochenta horas con sus correspondientes noches…es de lo mejorcito que he visto en el mundo de las Escuelas de Negocios. Agradecido estoy a este “enfant terrible”. A lo que aprendí de este ingeniero, le sumé lo que un físico de origen israelí, llamado Eli Goldratt, me enseñó sobre la toma de decisiones  y la gestión de costes …sus obras “La meta” o “No es cuestión de suerte”, son muy útiles en el mundo empresarial.

Metido de lleno en la Escuela de Negocios que actualmente me cobija (a Dios gracias), mis lecturas se centran en autores que piensan lo que ocurre dentro y con la gente que trabaja en  las organizaciones, mereciendo especial relevancia gente consagrada como David Ulrich  o Ph. Kotter, y otros más ácidos como Richard Sennet. Este profesor de la LBS tiene un libro magnífico que se titula “La corrosión del carácter”, obra  más que recomendable, como lo son “Un adiós a la empresa” de José Félix Pérez-Orive, “La sensación de fluidez” de Juan C. Cubeiro, el clásico de Cialdini titulado “Influence”, así como una obrita del amigo Punset que te servirá para estar al día sobre la opinión de los mejores científicos en un montón de ámbitos, se titula “Cara a cara con la vida”.

Bueno, pues hasta aquí hemos llegado. El caso es no caer en el “Innere Kündigung”.